La facilidad del éxito
Un remisero, que tuvo una secundaria plagada de compañeras putas y a la vez asquerosamente inteligentes, le toca un viaje a Ezeiza. Desde la agencia le dijeron que era una pareja que volvía de un vuelo de Nueva York.
Se levanta de la silla, apaga el cigarrillo que estaba a punto de terminar y sale con su Peugeot 504 hacia el aeropuerto. Una vez allí, se apoya sobre una columna para esperar a la pareja. Su asombro fue inmenso al ver a la pareja porque vio que la mujer, que acompañaba a un hombre rubio con pinta de extranjero, era una de sus ex compañeras, que precisamente era una de las más inteligentes, y de las que más buena estaba… y más puta era también. Pero de esas putas que están tan buenas que encima ni lo aparentan y parecen santitas.
(El remisero piensa para sí): “¡No puede ser! Es Carolina. Como me la pasaba mirándole el ojete cada vez que se paraba a preguntarle algo a la profe. Esta siempre fue la típica inteligentita que para colmo estaba buena, no era una nerd cuatrochi con el comedor pa’ fuera. Si me habré cagado a pajas con esta piba. Y mirá el grandote rubio ese que está con ella, la puta madre que la parió no puede ser. Y encima como conserva ese culito parado que siempre tuvo, ese pelo negro lacio, y esa piel blanca nieve. Sigue estando igual de buena la concha de su hermana.”
El remisero solamente le dice a la pareja que lo sigan hasta el auto y les ayuda con las maletas.
“Ojalá que no me reconozca”- Dice el remisero para sí mismo.
Cuando están por subir al vehículo, la chica le pregunta:
“Ay, disculpá ¿Vos sos Juan? Fuimos compañeros de curso en la secundaria. ¿Te acordás de mí?”
(El remisero finge una cara de duda): “¿Caro? (Cómo no me voy a olvidar de vos)”
(Ella le contesta sonriente): “Sí, no lo puedo creer, tanto tiempo”.
Se suben al auto y el remisero arranca.
(El remisero vuelve a pensar para sí): “Cómo le chupaban las medias todos profesores. Ay que inteligente que sos, sos una alumna brillante, te merecés un 11, la concha de tu hermana. Y un 11 también en puta te vendría bien. En 5º la chupada de medias final que le pudieron haber hecho fue cuando la de química en un acto la puso en frente de todos y empezó a decir que teníamos una mente brillante en la escuela porque ganó unas olimpíadas de química a nivel nacional. Hija de puta, y yo siempre que me tuvo de hijo esa de química.”
Juan: “¿Y Caro? ¿Qué anduviste haciendo? ¿Qué fue de tu vida?”
Caro: “Y… yo, hace 7 años que me recibí de ingeniera nuclear, como me había sacado buenas notas me dijeron que haga un posgrado en Estados Unidos, (Acercándose de forma melosa al hombre que tenía al lado) ahí fue donde lo conocí a Sven, mi esposo, es sueco. Él también es ingeniero nuclear con un posgrado que hizo en Harvard.
Nos casamos acá, en Estados Unidos, y en Suecia no nos casamos pero nos prepararon una fiesta los padres de Sven. Fue hermoso.
Para la luna de miel nos fuimos a hacer un tour por toda Europa. París, Londres, Roma, también por Alemania, además hicimos un crucero por el mediterráneo, donde conocimos muchas islas de Grecia. ¿Y qué es de tu vida Juan?”
Juan: (Con cara de pobrecito) “Y… yo vengo de Monte Chingolo, de dejar un pasajero”.
Caro: “Jaja. ¿Pero hiciste algo más aparte de estar manejando el remís?”
Juan: “Y… este… me metí en para abogado, pero no pasé el primer año, saqué notas bastante bajas. Después me quise meter en otra carrera pero ya me casé y empecé a ir peor, así que tuve que empezar a trabajar.”
Caro: “Ah ¿Te casaste?”
Juan: “Sí, hace unos 6 años. Tengo un pibe de 5.”
Caro: “¡Ay qué lindo! Para nosotros creo que el nene todavía va a tener que esperar porque los dos estamos muy con el trabajo encima. Venimos acá para visitar a mis padres nada más, después ya tenemos que estar yendo para Estados Unidos en donde seguramente me van a contratar en una planta nuclear del Estado y no voy a poder tener la cabeza en otra cosa.”
Juan (con cara de desahuciado): “Ah, mirá vos. Qué suerte tuviste.”
Caro: “Sí, la verdad que sí. Menos mal que tuvimos la luna de miel para descansar. Ay, me acuerdo que en el crucero había un jamaiquino que me tenía loca, no paraba de seguirme. Sven un poco más lo mata a palos. Era simpático, pero no se, me dan no se que los negros.”
Juan (pensando para sí mismo): “¡Ahhh, te dio cosa el negro pero bien que te lo comiste al negro Mendoza en la fiesta de fin de año en 5º año! (Se debe mostrar como una nube de pensamiento mostrando una animación de Caro más joven comiéndose a un morocho)
Caro: “La verdad que la química era lo mío. La profe me decía que iba a tener mucho éxito si seguía algo que tuviera que ver con química. Aún la sigo viendo a la profe. ¿Te acordás de ella?”
Juan: “¡Ah! ¿La seguís viendo? Mirá vos (Cómo no me voy a olvidar de ella también, con todas las veces que me cogió en las pruebas la hija de puta esa). ¿Es por acá no?
Caro: “Sí sí, justo en la casa esa”.
Una vez que llegan, Juan puede ver una casa grande de dos pisos y un jardín amplio, con ladrillos de exterior y una fuente cerca de la puerta de entrada.
Juan: “¿Esta es tu casa?”
Caro: “No, esta es la casa de mis viejos. Les ayudé bastante en la compra de la casa.”
Juan les termina de ayudar con las valijas, se despide con un beso en la mejilla de ella, y al marido le da la mano. En el viaje de vuelta de Juan para su casa solo, se le ve con una cara de tristeza profunda. Mientras llega a su casa de Villa Lugano, piensa para sí mismo: “Está casada con un buen marido, mirá la guita que tiene, luna de miel por Europa, la casa que le pudo comprar a los padres…”. Una vez que entra en la casa, su mujer lo caga a pedos (a la vez que piensa: “y pensar que con esta nos fuimos de culo a Mar del Plata”), tiene la casa hecha mierda, ve la habitación de su hijo que está mirando un partido con la camiseta de River cantando cantitos de hinchada, pone más cara de triste, y mira su billetera donde tiene una imagen con un escudo de Boca. Entonces, agarra una 38 que tiene en la mesita de luz, cierra los ojos, se apunta a los testículos, y se enfoca a la pared una vez que se escuche el ruido y las paredes manchadas de sangre.
Este cuento nos lo trae un amigo mío que prefiere quedar anónimo.
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